Agua, territorio y comunidad

Conoce nuestra comunidad y cómo gestionamos el recurso hídrico

Quiénes somos

La Comunidad de Aguas de Valdesanmartín es una infraestructura creada por y para sus comuneros. Nuestra misión es garantizar el abastecimiento de agua, conservar las instalaciones comunes y seguir modernizando una red que presta servicio a centenares de parcelas.

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Abastecimiento

Trabajamos para llevar agua a parcelas separadas por grandes distancias y diferentes cotas.

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Conservación

Mantenemos depósitos, conducciones, bombas, contadores y las instalaciones compartidas.

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Modernización

Mejoramos la fiabilidad, reducimos pérdidas y preparamos la red para situaciones extraordinarias.

Valdesanmartín: nuestra historia

Mucho antes de que existieran nuestras calles y nuestras casas, estas tierras ya habían sido habitadas.


Siglo VII · Las primeras huellas

En Valdepalomas, dentro de la Dehesa de Valdesanmartín, fue localizada una necrópolis visigoda del siglo VII. En el verano de 1960, el arqueólogo Arsenio Gutiérrez Palacios excavó el yacimiento y documentó una veintena de tumbas. Hebillas de cinturón, anillos, pendientes, cuentas de ámbar y pasta vítrea y una pequeña jarra cerámica indican que el cementerio fue utilizado durante varias generaciones.

Aquellas sepulturas constituyen una de las primeras evidencias conocidas de presencia humana estable en el lugar que, muchos siglos después, seguimos llamando Valdesanmartín.

Siglo XVI · La antigua dehesa

El nombre de Valdesanmartín tampoco es moderno. Los documentos históricos ya hablan de la Dehesa de Valdesanmartín, un extenso territorio forestal perteneciente a El Tiemblo. La dehesa pertenecía a la mesa maestral de la Orden de Calatrava y sus aprovechamientos estuvieron arrendados durante un tiempo a los Fúcares, la rama española de la familia alemana Fugger, estrechamente relacionada con la Corona.

De aquellos pinares se obtenían madera, leña, resina y pez. La explotación llegó a ser tan intensa que, en 1569, el Consejo de Órdenes condenó a los Fúcares al pago de 500.000 maravedíes por los daños causados en la dehesa; la sentencia fue confirmada en 1571.

1561–1584 · Pinos con destino a Madrid

En 1561, por orden de Felipe II, Valdesanmartín proporcionó 200 pinos destinados a Nuestra Señora de Atocha, en Madrid. En 1584 se autorizó el aprovechamiento de árboles quemados y afectados por el fuego para las obras de El Escorial. Los pinares que hoy rodean nuestras casas son herederos de un paisaje forestal documentado desde hace cientos de años.

Siglo XX · De la dehesa a la urbanización

Durante siglos, Valdesanmartín mantuvo su carácter forestal y rural. El paisaje comenzó a transformarse durante el siglo XX con la parcelación y construcción de viviendas. En 1983, el Boletín Oficial de la Provincia de Ávila ya recogía la denominación «Valdesanmartín diseminado» dentro del término municipal de El Tiemblo.

Durante las décadas siguientes aparecieron nuevas parcelas y viviendas. Los caminos se convirtieron en calles y fue creciendo una comunidad de propietarios y vecinos, primero como lugar de vacaciones y segunda residencia y, cada vez más, como residencia habitual.

La llegada de los servicios

El crecimiento hizo necesario dotar a la zona de infraestructuras propias de un núcleo residencial. Un documento del Boletín Oficial de la Provincia de Ávila de 1992 recoge un proyecto eléctrico en «El Tiemblo. Dehesa Valdesanmartín (Puente Nuevo)» destinado al suministro de energía a la urbanización.

El agua · Una necesidad compartida

La situación de Valdesanmartín, alejada del casco urbano y formada por centenares de parcelas dispersas, hizo necesario disponer de un sistema propio de abastecimiento. De esa necesidad nació la Comunidad de Aguas de Valdesanmartín.

1988–1989 · El proyecto de abastecimiento

A finales de los años ochenta, la mancomunidad de propietarios de Valdesanmartín impulsó un proyecto para abastecer de agua potable a la urbanización. El Ayuntamiento de El Tiemblo había certificado en 1988 que no podía suministrarla con sus depósitos existentes. La memoria técnica, firmada en marzo de 1989, describía un territorio de unas 500 hectáreas, organizado en 13 comunidades y con alrededor de 500 chalets.

La solución proyectada era captar agua en la zona del embalse de San Juan y bombearla por una conducción de unos 2,6 km hasta un depósito regulador situado 114,5 metros por encima de la toma. El depósito tendría una capacidad de 1.000 m³, repartida en dos compartimentos de 500 m³. Tras su tratamiento, el agua llegaría por gravedad a las viviendas mediante una red de distribución de 22.167 metros: más de 22 kilómetros de tuberías.

Para dimensionar el sistema, los técnicos calcularon una población inicial teórica de 2.500 personas, suponiendo cinco ocupantes por cada una de las 500 viviendas. También proyectaron las necesidades a 25 años, hasta 4.102 personas. Estas cifras eran hipótesis de cálculo, no censos de residentes. El presupuesto ascendía a 159.490.360 pesetas de ejecución material y 219.713.920 pesetas de ejecución por contrata; el plazo previsto para las obras era de diez meses.

Captaciones, conducciones, depósitos, bombas, contadores y kilómetros de tuberías fueron formando una red capaz de llevar agua a parcelas separadas por grandes distancias y diferencias de cota. Con los años, el sistema ha crecido y se ha modernizado para responder a las necesidades de una comunidad cada vez mayor.

Una historia marcada también por el fuego

Vivir entre pinares supone convivir con el riesgo de los incendios forestales. En agosto de 2003, un gran incendio iniciado en la zona de Cebreros afectó a Cebreros, El Tiemblo y San Martín de Valdeiglesias. Valdesanmartín tuvo que ser evacuada junto con Puente Nuevo y Calas de Guisando.

Más de veinte años después, en 2026, el fuego volvió a amenazar seriamente nuestro entorno. Fueron jornadas difíciles que pusieron a prueba a vecinos, servicios de emergencia e infraestructuras, y volvieron a demostrar que, cuando las circunstancias lo exigen, una urbanización se convierte realmente en una comunidad.

La Comunidad de Aguas hoy

La finalidad de la Comunidad sigue siendo la misma que motivó su nacimiento: garantizar el abastecimiento de agua y conservar y mejorar las instalaciones comunes necesarias para hacerlo posible.

Hoy la red dispone de depósitos, sistemas de bombeo, control de presión, tratamiento y cloración, instrumentación y sistemas automáticos de supervisión. Nuestro objetivo no es únicamente mantener lo que recibimos de quienes nos precedieron, sino continuar modernizando la red, reducir pérdidas, mejorar su fiabilidad y proteger las instalaciones.

Nuestra historia no está terminada. Cada reparación de la red, cada mejora de las instalaciones, cada árbol que vuelve a crecer y cada nueva generación que llega a Valdesanmartín añade una página más.

Nuestro patrimonio común

Más de mil años después de aquellas primeras huellas conocidas y casi cinco siglos después de que los documentos de Felipe II mencionaran nuestros pinares, Valdesanmartín continúa siendo lo que siempre ha sido: un lugar estrechamente unido al bosque, al agua y a las personas que lo habitan.

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